Nos disponemos para la vida comunitaria en este 2021
Pistas para la reflexión personal y como comunidad

Un nuevo año, un nuevo momento de comunidad, una nueva etapa. El deseo es ayudarnos a vivir con sentido. Es en la vida donde se verifica nuestro seguimiento al Señor, expresan nuestras Constituciones. Son nuestras actitudes y nuestra forma de situarnos las que hablan o no de “vida según el Espíritu”, si buscamos “con deseo y humildad en todo amar y servir”.

El texto de Darío Molla sj “Horizontes de vida” es únicamente un medio para ayudarnos a reflexionar sobre nosotras mismas y sobre la comunidad que queremos construir entre todas, y juntas, poner los medios para vivir con sentido y plenitud este hoy.

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1. Ayudar
1. Ayudar: clave de integración

“Atrévete a caminar aunque sea descalzo, a sonreír aunque no tengas motivos, ayudar a otros sin recibir aplausos” (El principito)

Como esta frase, la palabra “Ayudar” me lleva y nos lleva a transitar un camino descalzo hacia nuestro propio pozo donde encontramos el manantial que nos habita. El atrevernos es una decisión libre para reconocer nuestras debilidades, eso que muchas veces no nos gusta de nosotros mismos, pero que al asumirlo nos hace   sentimos integrados para sonreír, amar y abrazar la vida con sus luces y sombras. Esa misma fragilidad asumida es el don particular que ofrecemos a los demás.

Es profundo cuando a lo largo de la vida caminas y percibes rostros, miradas, voces, situaciones que te generan actitudes de gratuidad, porque reconoces que otros han sido gratuitos contigo. Hoy donde estoy inserta en un Barrio de la gran Capital de Buenos Aires, el Señor me ha regalado un pincel y diversos colores para discernir, escuchar, la realidad de tantos vecinos, jóvenes y niños que necesitan el color de la esperanza y de que reconozcan el color de la trascendencia que los ama. En medio de las desigualdades económicas, sociales que día a día vamos atravesando, proclamamos con pequeños gestos estas palabras: “Anímate”, “vamos tú puedes”, “caminemos juntos”, “no estas solo”, “estamos llamados a vivir creativamente y transformar la realidad”.

El ayudar trasciende cualquier asistencialismo, supera el “poder de dar, que nos hace sentir superiores al otro, es un estilo de vida, un camino sin aplausos he incluso sin pedir un “gracias”, ya que al ayudar nuestro manantial se enriquece de gratuidad, de humanidad y libertad.

Como María en la visitación apresurémonos a recorrer con alegría el camino de ayudar al otro, desde nuestro ser más sagrado que es nuestra propia humanidad.

Personalmente: lee despacio el texto, subraya aquello con lo que conectas más y, a la luz de lo que se expresa, reflexiona:

  • ¿Qué hago yo para construir la comunidad?
  • ¿Desde dónde lo hago?
  • Lo que hago, lo hago desde “el hacer” o desde “el ayudar”
  • ¿Cómo puedo ayudar más, de manera que sea un “más” de calidad?
  • En comunidad ¿qué actitudes podemos potenciar entre todas para vivir con gozo y sentido nuestra vida?
Dialogar en comunidad:
  • Compartir lo que del texto personalmente nos ayudaría más para la vida comunitaria.
  • Concretar las actitudes a potenciar entre todas para vivir con gozo y sentido nuestra vida.
2. Agradecer
2. Agradecer: el primer punto

Para mí, Agradecer es acoger el amor entrañable de Dios y la vida tal y como toca. Agradecer es sentirme en abundancia, ayuda a la salud física, a la salud mental y a la salud espiritual. Agradecer atrae las cosas buenas de la vida, porque es justamente lo contrario al enojo, la insatisfacción y a la queja. Agradecer es vivir en una oración continua, en esa presencia con el Señor, donde le conversamos lo que vamos viviendo, los acontecimientos de cada minuto, de cada instante.

Le agradecemos por tanto regalo, por su amor sobre todas las cosas, por la salud, por la enfermedad (porque la enfermedad es una buena escuela de vida), por la relación fraterna, por la amistad. Le agradecemos también todos los dones, también las limitaciones porque nos ayudan a crecer, los éxitos, los fracasos, le agradecemos por todo en esa oración continuada.

Pero una cosa muy importante es que la gratuidad, el agradecer, es una actitud de vida, donde nos lleva a alabar y bendecir a todos y a todas en todo momento, incluidos a los que hacen daño, los que nos hacen mal. San Ignacio nos invita a agradecer nuestra existencia de criaturas amadas y regaladas por Dios, y hacer memoria de tanto bien recibido. Y esto nos lleva a que brote espontáneamente eso que queremos vivir: “en todo amar y servir” que es una manera de agradecer.

Yo les invito a pedir al Señor esta actitud de vida, que es “Agradecer”, y como agradecer es bendecir, el Padre que nos ama, el hijo que nos enseña el camino y el espíritu que nos da el amor, la alegría, la sabiduría, paz y todos los dones, nos bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Personalmente: lee despacio el texto, subraya aquello con lo que conectas más y, a la luz de lo que se expresa:

  • Agradece lo que la vida de la comunidad te aporta en concreto.
  • Piensa también qué te impide agradecer o en qué situaciones te resulta difícil y preséntaselo al Señor.
Dialogar en comunidad:
  • Compartir lo que del texto personalmente nos ayudaría más para la vida comunitaria.
  • Expresar lo que la comunidad nos aporta a cada una en la vivencia y el aprendizaje de ser agradecidas. Hacer juntas un salmo de acción de gracias por lo que nos posibilita la comunidad.
3. Contemplar
3. Contemplar: contemplativas en la vida

Si en la contemplación ignaciana, los primeros preámbulos ayudan a la persona a situarse, los siguientes puntos, provocan diferentes mociones: tristeza, dolor, preguntas, miedo, alegría, paz, que pueden acercarnos o no a Dios.

San Ignacio de Loyola recomienda la presencia de nuestros sentidos físicos: tocar, mirar, escuchar, saborear hasta el más mínimo detalle de la historia o escena a contemplar.

La revisión de la oración me lleva a responder la siguiente pregunta: “¿Cuáles son los impactos de esta contemplación en mi vida?

Este cuestionamiento me hace comprender que ser contemplativo a lo ignaciano, es vivir la oración en la vida cotidiana.

Como en “principio y fundamento”, entiendo que fuimos creados para salvarnos a nosotros mismos y salvar a los demás. La contemplación me abre a un conocimiento profundo de Jesús, me acerca a mi vida diaria, a mi propia historia, a las historias del mundo; todo genera en mí otras actitudes vitales para un mayor servicio.

¿Cuántas veces, después de la contemplación, he cambiado mi proyecto de vida? Es en el coloquio donde dialogo todo esto con Jesús. La contemplación ignaciana ha cambiado mi ser, mi mirada, mi forma de escuchar a los demás y sus necesidades. Además, estoy emocionada de ayudar, fortalecer y apoyar a quienes me necesitan. Son varias las oraciones contemplativas que han iluminado mi vida diaria durante estos últimos años.

Al mismo tiempo que acompaño a los ejercitantes que hacen el EVC (Ejercicios Espirituales en la Vida Cotidiana) durante ese tiempo en Covid.19, experimento que cada vez, la contemplación diaria me pone en una relación diferente con las personas, e hasta llegué a modificar mis relaciones y decisiones.

La contemplación según el método ignaciano alimenta mi vocación de seguir cada día a Jesús como religiosa de la Orden de la Compañía de María.

Que Dios siga haciéndonos hombres y mujeres contemplativos y activos, para más amar y servir a Dios, Nuestro Señor.

Personalmente: lee despacio el texto, subraya aquello con lo que conectas más y retoma lo que expresa sobre “actitudes vitales que potencia el contemplar”

  • ¿Qué actitudes de mí misma me hacen pensar que soy contemplativa en la acción?
  • ¿En qué me interpela la reflexión sobre este apartado?
  • ¿Qué medios concretos puedo poner en mi vida para vivir
  • contemplativamente?

Dialogar en comunidad:
  • Compartir lo que del texto personalmente nos ayudaría más para la vida comunitaria.
  • Concretar los medios que pueden ser ayuda para vivir más contemplativamente y con mayor hondura la convocación.
4. Elegir
4. Elegir

Elección vivida a lo ignaciano

La experiencia de elección de Dios, que San Ignacio de Loyola y Santa Juana De Lestonnac vivieron en momentos claves de sus vidas, me sigue marcando profundamente a lo largo de mi historia de seguimento a Jesús en la Compañía de María, porque estas dos personas, a pesar de que tenían otras opciones en sus caminos, escogieron: conocer internamente a Jesús, seguirlo, amarlo y servirlo, para la salvación de muchas personas que necesitaban de ellos en esa época; lo cual hicieron junto con otros compañeros y compañeras de camino, dentro de la Iglesia.

Hoy yo sigo experimentando hondamente que Dios me elige, Él me envía estar aquí, hoy y ahora, en este contexto y en este lugar, para estar atenta, próxima y sensible a la realidad de los niños, los jóvenes y de las familias. Me sigue impulsando a no entregarme, sino a levantarme cada día, me da el don de la salud, del vigor, de la decisión.

Hoy quiero agradecer por el don de la elección y del discernimiento que me da en escoger la vida, optar por vivir en medio de tantos sufrimientos y muertes que padece nuestro mundo. Me sigue levantando y sosteniendo, a pesar de que aveces no sienta sensiblemente su presencia y me invade el miedo, la inseguridad y la tristeza; Él está ahí y me motiva a seguir optando por Él y renueva mi opción por este estilo de vida. Agradezco a mi comunidad, a la Compañía Universal, al Señor que nos sigue sosteniendo con mucho amor y con mucha fortaleza, para seguir por este camino. Les sigo pidiendo, oraciones, para que podamos seguir fuertes y con amor y así dar esperanza a los que más nos necesitan.

No hay vida cristiana sin elegir, sin tomar decisiones que van concretando en el día a día nuestro deseo de seguir a Jesús en comunidad, en la Compañía.

Personalmente: después de leer este apartado y subrayar lo que conecta más con tu realidad expresa:

  • ¿El examen y discernimiento cotidiano es algo habitual en mí?
  • ¿En qué aspectos he de estar más vigilante para crecer como persona y para ayudar en la construcción de la comunidad?
Dialogar en comunidad:
  • Compartir lo que del texto personalmente nos ayudaría más para la vida comunitaria.
  • Concretar los aspectos en los que hemos de estar más vigilantes, que hemos de cuidar para que nuestra vida fraterna sea de calidad.
5. Resistir
5. Resistir

«Resistir» nos lleva a hablar de la fortaleza, don del Espíritu y virtud característica de la vida cristiana en toda la historia de la espiritualidad.

Resistir desde mi experiencia de espiritualidad ignaciana, es la manera de afrontar los desafíos que se presentan en mi vida. Resistir exige actitud activa, permanecer con paciencia, descubrir la fortaleza que es la gracia de sentirme acompañada y sostenida por una fuerza mayor que la mía, que me reafirma que alguien me asegura entre sus manos.

Todos en la vida pasamos por dificultades, que son experiencias que a veces son costosas, que pueden resultar difíciles de sobrellevar y parecen mayores cuando decidimos responder con fidelidad al querer de Dios. Dificultades que a veces pueden ser menores o mayores, que crean en nosotros luchas y resistencias, sin embargo, siempre hay algo que nos impulsa a mantenernos en pie, permanecer ante la incertidumbre, porque prevalece el deseo sincero de amar y seguir a Jesús pese a todo, experiencias que también nos ayudan a conocernos y descubrir nuestras propias fortalezas.  

Saber resistir descubriendo en nosotros la fortaleza es don y gracia, es lo que nos lleva a afrontar los desafíos y las dificultades desde la salida de sí, nos hace mirar un poco más lejos para solidarizarnos con la realidad de los otros. La paciencia es una virtud, es también saber esperar el momento justo con actitud orante y de confianza que nos anima desde el fondo de nuestro corazón.

Hoy te invito a seguir aprendiendo de nuestros pueblos, que día a día resisten desde la esperanza, amenazados por múltiples desafíos, resisten ante las injusticias, las desigualdades, la falta de oportunidades, la violencia, la corrupción; realidades que imperan, oprimen y ahogan a los más vulnerable de nuestra sociedad, somos interpelados a descubrir en nosotros la fortaleza como don del Espíritu y como virtud característica de la vida cristiana, para poder ser puente y canal para muchos otros y contagiar nuestra vivencia más profunda de fortaleza.

Personalmente: después de leer este apartado y subrayar lo que conecta
más con tu realidad expresa:

  • ¿Qué luces me da para los desafíos cotidianos?
  • Retomando la reflexión completa del texto: ¿qué ha sido lo más significativo que me aporta para el nuevo momento que iniciamos comunitariamente?

Dialogar en comunidad:

  • Poner en común lo que del texto nos ayuda más para la vida comunitaria.
  • Concretar los aspectos que hemos de cuidar para que nuestra vida de hermanas sea de calidad.
  • Identificar los aspectos que pueden concretarse en el Proyecto Apostólico
    Comunitario de este año
Cierre
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Concluimos este ciclo formativo en el que 5 hermanas de la Provincia del Cono Sur han compartido con nosotros su experiencia sobre palabras claves de la Espiritualidad Ignaciana: Ayudar, Agradecer, Contemplar, Elegir y Resistir.

Nuestra hermana Provincial, Adriana Restrepo nos inició y nos ayuda a concluir este caminar. Junto con Darío Mollá, sj, decimos sin miedo que cuando el Señor da una vocación, una misión, da la gracia para llevarla adelante. Y en la medida en que con más fidelidad intentamos vivir esa vocación y responder a esa misión más fuerza tiene en nosotros la gracia.