La Novena de Navidad es un tiempo privilegiado para detenernos, contemplar y disponernos a acoger la novedad de Dios que viene a nuestro encuentro. Cada año, el pesebre vuelve a abrirnos un horizonte nuevo: Dios se hace pequeño, cercano, humilde, mezclado con nuestra vida, y nos invita a caminar con María en la actitud de quienes saben que el Espíritu sigue actuando en lo sencillo y cotidiano.
María, mujer en salida, es el ícono que acompaña nuestro recorrido. Ella escucha, discierne, se pone en camino, visita, acompaña, permanece y finalmente ofrece al mundo la Vida que lleva en su seno. Su modo de estar, de mirar y de actuar es el que inspira nuestra misión educativa y evangelizadora desde los tiempos de Juana de Lestonnac hasta hoy.
Celebrar este novenario es gestar juntos el futuro: abrir espacio al Dios que se acerca, dejarnos transformar por su presencia y renovar nuestro compromiso con la misión que compartimos hermanas y laicos. Que cada día de oración nos permita entrar más hondamente en el misterio del Dios que nace, y que, de la mano de María y Juana de Lestonnac, podamos ser signo de esperanza, de cuidado y de comunión en nuestras comunidades y obras.
Que esta novena sea para todos: un camino de luz hacia la Noche Buena, donde Dios se revela una vez más como Aquel que, por amor, hace posible lo que parecía imposible.
