El 3 de octubre, la comunidad de Santa María de Fe, en el departamento de Misiones, fue escenario de una celebración profundamente significativa para la Orden de la Compañía de María Nuestra Señora: la Misa de acción de gracias por los 50 años de presencia de la Compañía de María en Paraguay, una historia de misión que comenzó el 12 de septiembre de 1976 y que continúa dando frutos en la vida de numerosas comunidades.
Bajo el nombre de María Irunguéra Aty “50 años tendiendo la mano”, esta celebración reunió a hermanas, laicos, sacerdotes, jóvenes, familias y personas vinculadas a las distintas obras y presencias de la Compañía de María en Paraguay. Desde Asunción y distintos lugares del departamento de Misiones llegaron quienes quisieron hacer memoria agradecida de estos cincuenta años y renovar, juntos, el compromiso con una misión que se ha construido a muchas manos.
La celebración tuvo lugar en la Parroquia Santa María y fue presidida por S. E. Vincenzo Turturro, Nuncio Apostólico en Paraguay. Estuvieron presentes la Hna. Ada Romero Obregón, ODN, Superiora Provincial del Cono Sur; las hermanas de las comunidades de Paraguay; integrantes del Equipo Provincial; miembros de la Red Laical; sacerdotes de la Compañía de Jesús, entre ellos el P. Máximo Mendoza, SJ, Provincial de los Jesuitas del Paraguay; y representantes de distintas comunidades eclesiales y pastorales que han compartido camino con la Compañía de María a lo largo de estos años.



Fotografía: Ronald Yegros
Una celebración marcada por la memoria y la gratitud
La presencia de tantas personas hizo visible una historia que trasciende las obras concretas y se expresa, sobre todo, en los vínculos construidos durante décadas.
Participaron personas de las Comunidades Eclesiales de Base que compartieron vida y misión con las hermanas, jóvenes y laicos de la Parroquia San Ignacio de Loyola de San Ignacio Guazú, de la Vicaría Nuestra Señora de Caacupé y de la propia comunidad de Santa María. También estuvieron presentes integrantes de la familia del Centro Lestonnac, obra social de la Compañía de María; del Centro San Gerónimo, en Santa María; del Taller de Arte de Asunción; y miembros de la Red Laical Compañía de María Paraguay.
El Coro de la Parroquia Santa María acompañó musicalmente la celebración junto con los Niños Cantores de San Rafael, conformados por niños vinculados al Centro Lestonnac. La participación de todos ellos convirtió la Eucaristía en una verdadera expresión de la historia compartida entre la Compañía de María y el pueblo paraguayo.
En su homilía, el Nuncio Apostólico invitó a vivir este jubileo no como una enumeración de logros, sino como una oportunidad para reconocer la acción de Dios a lo largo de estos cincuenta años.
«Nosotros vivimos un jubileo para mirar cómo, durante estos 50 años, Dios ha cumplido y realizado su obra por medio de las hermanas», expresó.
A partir de la experiencia de Job y del Evangelio de los setenta y dos discípulos, S. E. Vincenzo Turturro presentó el jubileo como una ocasión para reconocer a Dios como compañero de camino, también en las fragilidades, los desafíos y los momentos difíciles de la historia.
«Cuando la historia humana se deja atravesar por la historia de Dios, ahí tenemos una historia de salvación», afirmó.
El Nuncio destacó también la misión realizada por las hermanas en Paraguay, reconociendo cada gesto de servicio, cada encuentro, cada palabra, cada lágrima y cada sonrisa como expresiones de una vida entregada al bien.
Hacia el final de su homilía, recordó que la verdadera alegría no se encuentra solamente en los resultados visibles de la misión, sino en saber que «nuestros nombres están escritos en el corazón de Dios». Desde allí invitó a las hermanas a continuar viviendo una libertad capaz de amar y de hacer el bien, especialmente junto a los pequeños y sencillos, que también se convierten en maestros en el camino de la misión.



Fotografía: Ronald Yegros
«Vine con 29 años al Paraguay»
Uno de los momentos especialmente emotivos fue el testimonio de la Hna. Teresa Durán, ODN, una de las hermanas pioneras y fundadoras de la presencia de la Compañía de María en Paraguay.
Con su habitual cercanía y sentido del humor comenzó diciendo: «Che karapé (soy bajita); ipukuma la ñande misa, (se nos hizo extensa la misa); che añe’eta mykyminte (voy a hablar cortito)».
La Hna. Teresa recordó que llegó al Paraguay con 29 años y a Santa María con 31. «Con ánimo, esperanza, fui muy feliz entre ustedes. Los veo y me dan ganas de llorar de alegría», compartió.
Recordó también los años vividos junto a la comunidad y a la Hna. María del Carmen Morcillo, ODN, con quien llegaron incluso a decir: «Moriremos en Santa María». Sin embargo, otros caminos se abrieron para ella. A los 63 años dejó Paraguay y posteriormente fue enviada a Egipto durante ocho años y luego a Cuba.
«Yo nunca soñé que iba a recorrer tanto», reconoció, destacando que aquellas experiencias estuvieron profundamente marcadas por la fe recibida y compartida en Paraguay. Habló de la minga, del jopói y del taller de artesanía, prácticas y experiencias que también pudo encontrar posteriormente en Egipto y Cuba.
«Ustedes me ayudaron a crecer en la fe, a centrarme mucho más en Jesús», afirmó.
Y cerró su intervención con una palabra sencilla y profundamente paraguaya: «Aguyjé» (Gracias).



Fotografía: Ronald Yegros
La voz de quienes compartieron el camino
También tomó la palabra el P. Máximo Mendoza, SJ, Provincial de los Jesuitas del Paraguay, quien recordó que, cincuenta años atrás, otro provincial jesuita fue quien recibió a las primeras hermanas de la Compañía de María.
Desde su propia experiencia de vida en Santa María, donde permaneció durante dos años y medio, evocó a quienes compartieron aquellos primeros años, entre ellos el P. Óscar, Carlos de la Cruz y numerosos animadores de las comunidades.
Recordó especialmente a la Hna. María del Carmen Morcillo y a otras hermanas que dejaron una huella profunda en quienes vivieron aquella experiencia.
«Aquí, muchos de nosotros vivimos la fe de la gente pobre, sencilla y humilde que Jesús muestra. Yo también nací de nuevo aquí», expresó el Provincial jesuita, agradeciendo a las hermanas y a todas las personas que hicieron posible aquella experiencia de comunidad y misión.
Por su parte, la Red Laical Compañía de María Paraguay se hizo presente desde Asunción y compartió unas palabras que expresaron el profundo vínculo construido entre laicos y hermanas.
Su intervención estuvo acompañada por el símbolo de una bicicleta, en recuerdo de las primeras hermanas que recorrían los caminos desde Viñas Cué hasta distintos lugares para abrir capillas y acercar educación a los niños.
La Red Laical recordó una educación centrada en la persona y capaz de transformar, así como la experiencia cotidiana del compartir. Evocaron también a la Hna. María del Carmen y su preocupación porque aquello que había pudiera alcanzar para todos: incluso una galleta debía repartirse entre los niños.
«Los laicos y las laicas queremos y estamos caminando siempre en compañía de María», expresaron, reafirmando su deseo de continuar construyendo, junto a la Compañía de María, el Reino de Dios de paz, justicia y amor.



Fotografía: Ronald Yegros
Un saludo de la Iglesia de Asunción
Durante la celebración fue leído el mensaje enviado por el Cardenal Adalberto Martínez Flores, Arzobispo Metropolitano de Asunción, quien hizo llegar su felicitación a la Hna. Ada Romero, al Equipo Provincial, a las hermanas y a todas las personas que forman parte de este camino.
El Cardenal recordó especialmente a las primeras hermanas que llegaron al Paraguay el 12 de septiembre de 1976: María Teresa Durán, Anne Gill, Josefa Romero y María Antonia Lecuona, reconociendo en ellas a mujeres que llegaron como discípulas misioneras, confiando en la Providencia y dispuestas a abrir un nuevo camino.
En su mensaje destacó que estos cincuenta años no pertenecen únicamente a quienes actualmente viven en Paraguay, sino a toda la Provincia del Cono Sur, pues la misión fue sostenida a lo largo de las décadas por numerosas hermanas, comunidades, laicos, educadores y colaboradores.
También evocó cómo el carisma de la Compañía de María fue tomando rostro paraguayo a través de la cercanía a las familias, la educación de niños y jóvenes, la catequesis, la formación de comunidades, la promoción de la mujer y el acompañamiento de quienes atravesaban situaciones de dificultad.
El mensaje concluyó con un deseo de que estos cincuenta años sean «memoria agradecida, celebración gozosa y renovado envío misionero».
«El pasado nos sitúa en este hoy»
La Hna. Ada Romero Obregón, ODN, Superiora Provincial del Cono Sur, expresó también su agradecimiento durante la celebración.
En sus palabras recordó que estos cincuenta años no son simplemente una fecha, sino «una historia de gracia, una historia tejida por la fidelidad del Señor y por la generosa respuesta de tantas personas» que hicieron posible que el carisma de Santa Juana de Lestonnac echara raíces en Paraguay.
La Hna. Ada evocó a las primeras hermanas que llegaron en 1976, su disponibilidad para dejarse afectar por la realidad y su capacidad de escuchar, aprender y compartir la vida con el pueblo paraguayo. También agradeció a las hermanas, laicos, sacerdotes, comunidades y amigos que han formado parte de esta historia.
Mirando hacia el futuro, afirmó que la memoria agradecida no puede conducir simplemente a mirar el pasado: «La mejor manera de honrar a quienes nos precedieron es continuar el camino que ellas abrieron».
Su invitación fue a perseverar en la fe que fructifica en obras de justicia, en la cercanía con quienes necesitan acompañamiento, en una educación que humaniza, libera y transforma, y en el trabajo compartido, la escucha mutua y la construcción de comunidades donde todos tengan lugar.
Desde Santa María, la Superiora Provincial situó a Paraguay como parte de la historia común de los cinco países que integran la Provincia del Cono Sur: «Damos gracias por el pasado recibido, abrazamos con responsabilidad el presente que nos toca vivir y miramos el futuro con esperanza».



Fotografía: Ronald Yegros
Un saludo desde Roma
La celebración contó también con la cercanía de la Madre María Rita Calvo Sanz, ODN, Superiora General de la Compañía de María, y del Equipo General, quienes hicieron llegar desde Roma una carta dirigida a las hermanas de Paraguay, al Equipo Provincial, religiosos, laicos y amigos con quienes la Compañía de María comparte camino.
En ella expresaron que celebrar este aniversario es ocasión para «acoger el pasado con gratitud, situarnos en el presente con responsabilidad y mirar al futuro con esperanza».
El mensaje destacó la riqueza de la experiencia paraguaya: una historia de fe, comunidad, fraternidad, cuidado de la tierra, sencillez y proyectos construidos entre muchas manos. Asimismo, invitó a continuar respondiendo a los desafíos del presente, poniendo a Dios en el horizonte del actuar y al ser humano en el centro de las decisiones.
«Tenemos la certeza de que, unidas y unidos a Él, seguiremos abriendo caminos de futuro, sendas que hagan visible el Reino», expresaron la Madre María Rita y el Equipo General.
Santa María reconoce la vida entregada de las hermanas
La celebración tuvo un momento especialmente significativo al finalizar la Eucaristía, cuando representantes de la Municipalidad de Santa María de Fe, en nombre del intendente municipal, Lic. Ramón Sanabria, y de la Junta Municipal, realizaron distintos reconocimientos.
La secretaria general, Lic. Fátima Portillo, dio lectura a la Resolución N.º 235/2026, mediante la cual se declaró Hija Dilecta de la ciudad de Santa María de Fe a la Hna. Teresa Durán, ODN.
El reconocimiento destaca sus tres décadas de servicio como religiosa de la Compañía de María en Santa María de Fe y su trabajo en los ámbitos social, educativo y espiritual. La resolución subraya especialmente su contribución a la creación y desarrollo del Taller de Artesanía de Hermandad, vinculado al bordado reconocido como técnica emblemática de la artesanía paraguaya, así como su aporte a la preservación y transmisión de técnicas de bordado de estilo costumbrista.
La Municipalidad destacó que esta trayectoria constituye un valioso legado para Santa María de Fe y para el Paraguay y que su trabajo contribuyó a proyectar el nombre de la ciudad y del país.
En el mismo marco fueron reconocidas como Hijas Dilectas de Santa María de Fe otras hermanas de la Compañía de María vinculadas a la historia de la comunidad, entre ellas la Hna. María del Carmen Morcillo, ODN, y la Hna. Montserrat Font Blanch, ODN, así como otras hermanas cuya trayectoria estuvo estrechamente ligada a la ciudad.
A este homenaje se sumó el Colegio Presbítero José Agustín Molas. Su directora, Lic. Olga Espínola, hizo entrega de un reconocimiento a la Hna. Teresa Durán por su labor como docente y por su contribución a la formación de jóvenes de la comunidad.
De este modo, Santa María no solo celebró los cincuenta años de presencia de la Compañía de María en Paraguay, sino que expresó públicamente su gratitud por la vida entregada de tantas hermanas que, durante décadas, caminaron junto a su pueblo.



Fotografía: Ronald Yegros
Una bendición para continuar tendiendo la mano


La celebración concluyó con una bendición especial realizada con la Reliquia de Santa Juana de Lestonnac, fundadora de la Compañía de María.
En torno a la Eucaristía, la comunidad reunida pudo contemplar así una historia que comenzó con cuatro mujeres que respondieron a una llamada misionera y que, cincuenta años después, continúa viva en las hermanas, laicos, jóvenes, educadores, familias y comunidades que siguen compartiendo el carisma y la misión.
Paraguay forma hoy parte de la historia común de la Provincia del Cono Sur, junto con Argentina, Chile, Brasil y Bolivia. Cincuenta años después de la llegada de las primeras hermanas, la memoria se convierte en agradecimiento, el agradecimiento en compromiso y el compromiso en esperanza.
Como expresó la Hna. Ada Romero, «que Santa Juana de Lestonnac nos siga enseñando a escuchar, discernir y responder» y que María acompañe a la Compañía de María para continuar «tendiendo la mano allí donde la vida nos necesite».
Una historia que comenzó en 1976 continúa escribiéndose hoy, entre muchas manos y muchos corazones, con la certeza de que el Señor sigue caminando junto a su pueblo.



Fotografía: Ronald Yegros