En 2026, la Compañía de María celebra con gratitud 90 años de presencia en Brasil. Nueve décadas de historia, misión, educación, acompañamiento y vínculos construidos junto a tantas comunidades que han mantenido viva la llama del carisma recibido de Santa Juana de Lestonnac.
La presencia de la Compañía de María en Brasil comenzó en 1936, a partir del encuentro entre un obispo de la diócesis de Botucatu, en el interior de São Paulo, y una hermana de la Compañía de María que viajaba desde Argentina hacia Roma para participar del Capítulo General. Durante aquel viaje surgió la invitación para que la Compañía pudiera realizar una fundación en su diócesis.
En aquel contexto, marcado también por la guerra civil española, varias hermanas de la Compañía de María de España se dirigieron a Roma y, posteriormente, un grupo viajó hacia Brasil junto con la hermana que hasta entonces se encontraba en Argentina.
Así, en 1936, las primeras hermanas llegaron a Santa Cruz do Rio Pardo, en el interior de São Paulo, donde fundaron el primer colegio de la Compañía de María en Brasil. Ese mismo año, otro grupo de hermanas españolas llegó a Río de Janeiro y fundó un segundo colegio, en el barrio de Grajaú.
Con el paso de los años, la presencia de la Compañía de María fue creciendo. En 1957 se fundó el colegio de São Paulo, en Vila Nova Conceição, y durante la década de 1960 las hermanas llegaron a Belo Horizonte. Desde allí, la misión continuó desarrollándose y dejando huellas en numerosas comunidades.



Una celebración para mantener viva la llama
Para celebrar estos 90 años, las hermanas, junto con la Red Laical, conformaron un equipo que preparó la celebración y eligió como lema: «90 años de la Compañía de María en Brasil: manteniendo la llama con esperanza».
Belo Horizonte fue el lugar elegido para vivir estos días de acción de gracias, encuentro y memoria. Allí se desarrolló un triduo, del 12 al 14 de agosto, que permitió reencontrarse con comunidades y personas que forman parte de la historia de la Compañía de María en Brasil.
El primer día tuvo lugar en la comunidad Nuestra Señora Reina de la Paz, de la parroquia Santísimo Sacramento, en Justinópolis, donde la Compañía de María estuvo presente durante décadas. Allí las hermanas acompañaron la formación de la comunidad Pueblo de Dios y participaron en la construcción de la iglesia Reina de la Paz.
El encuentro estuvo marcado por la acogida y la emoción. Antiguos vínculos volvieron a encontrarse y quedó patente que los años y las distancias no han apagado la llama. Muchas de las personas que compartieron aquella historia continúan vinculadas hoy a la Compañía de María, especialmente a través de la Red Laical.



El 13 de agosto, el segundo día del triduo, la celebración se trasladó a la parroquia San Bernardo de Claraval. El lugar guarda una especial relación con la espiritualidad de la Compañía de María, ya que San Bernardo fue el nombre que adoptó Juana de Lestonnac durante los seis meses en los que realizó su primera experiencia en el Císter.
También es un espacio profundamente ligado a la historia de la Compañía de María en Brasil. Durante décadas, las hermanas estuvieron presentes en esta parroquia y en su entorno, donde funcionaron comunidades y el noviciado, por el que pasaron hermanas de distintas partes de la Provincia del Cono Sur. Allí también nació una obra educativa destinada a niños y niñas en situación de mayor vulnerabilidad, que hoy continúa como CESECOM: Centro Social y Educacional Compañía de María.
Fue un día de reencuentros, memoria y profunda emoción. Para muchas personas, aquel lugar representaba el origen de una historia personal y comunitaria. Los abrazos, las lágrimas y las palabras compartidas hicieron visible que la llama permanece encendida.
El triduo concluyó el 14 de agosto en la casa Nuestra Señora de la Visitación, donde reside la comunidad de hermanas mayores. Allí se encuentra, de manera especial, una parte fundamental de la memoria y de los cimientos de la Compañía de María en Brasil.
Las hermanas que hoy viven en esta comunidad han entregado muchos años a la misión y continúan aportando, desde su realidad y posibilidades, a la vida de la Compañía. Compartir con ellas este aniversario fue también reconocer y agradecer la historia recibida y todo aquello que las generaciones anteriores han transmitido.



Una gran acción de gracias
El 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora, tuvo lugar la celebración central por los 90 años de la Compañía de María en Brasil.
La celebración estuvo marcada por distintos signos que ayudaron a hacer memoria y expresar el agradecimiento. A la entrada, la Red Laical preparó un estandarte con la fecha y los nombres de las primeras hermanas que llegaron a Brasil, acompañado por la imagen de Santa Juana y la llama, símbolo elegido para esta conmemoración.
Durante la celebración, presidida por el padre Moisés, jesuita, se dio gracias por estos 90 años de presencia y misión. En el ofertorio se presentó un cartel que hacía memoria de las diferentes obras de la Compañía de María en Brasil.
Asimismo, las hermanas presentes renovaron sus votos con motivo de la solemnidad de la Asunción, uniéndose así a la renovación que la Compañía de María vive en distintos lugares del mundo en esta fecha.
Uno de los momentos más significativos fue el de la llama. Esta fue pasando de mano en mano entre educadores, familias, amigos, integrantes de la Red Laical, directores, coordinadores y alumnos. Un gesto sencillo que expresaba el sentido profundo de la celebración: la llama recibida no se ha apagado; continúa pasando de una generación a otra y sigue iluminando la misión.
El gesto culminó con tres generaciones de la Compañía de María sosteniendo juntas la llama: una hermana de larga trayectoria, una hermana más joven y una joven vocacionada. Tres generaciones unidas en un mismo símbolo de continuidad, esperanza y futuro.



Una historia que continúa
Los 90 años de la Compañía de María en Brasil fueron, sobre todo, una oportunidad para agradecer. Agradecer a Dios por la historia compartida, por las hermanas que hicieron posible las primeras fundaciones, por tantas personas que han colaborado en la misión y por las comunidades que continúan haciendo posible que el carisma de Santa Juana de Lestonnac siga vivo.
La celebración permitió reencontrar rostros, recuperar historias, abrazar a quienes forman parte del camino y reconocer que una obra puede permanecer mucho más allá de los lugares y de los tiempos en los que fue iniciada.
«Manteniendo la llama con esperanza» expresa así no solo el lema de un aniversario, sino también una realidad: la llama recibida hace 90 años continúa encendida en las hermanas, en la Red Laical, en educadores, familias, jóvenes, alumnos y en tantas personas que han hecho y siguen haciendo historia junto a la Compañía de María.
Noventa años después de aquella primera llegada a Brasil, la misión continúa abriendo caminos, construyendo vínculos y mirando hacia el futuro con esperanza.