Celebramos la fiesta de la Niña María

Las tradiciones son uno de los elementos básicos que constituyen la identidad de un grupo y que ayudan a transmitirla de generación en generación.

Así surgió esta fiesta en la historia de la Compañía de María:

Acaba de empezar el segundo grupo de alumnas en la Escuela de la Compañía de María en Burdeos. Estamos en el año 1610.  Se acerca el 21 de noviembre, el día en que la Iglesia celebra la Fiesta de la Presentación de María en el Templo.

Esa idea de Juana de Lestonnac de abrir las puertas a la educación de las mujeres ha tenido éxito. Muchas niñas de la ciudad llenan la escuela; son los primeros frutos de una cosecha que ella intuye muy abundante.

¿Por qué no ofrecer los frutos de tantos esfuerzos a Dios como lo había hecho el pueblo de Israel y ahora lo hacía la Iglesia?

Lo comunica a sus compañeras y con ilusión preparan la fiesta.

A primera hora de la mañana del 21 de noviembre se abre la puerta de la escuela y salen de ella las niñas en fila de dos: en una mano llevan un cirio y acompañan una imagen de la Virgen María, llevada por las alumnas mayores. Se celebra la Eucaristía y las niñas hacen ofrendas de flores como expresión del ofrecimiento de su persona. El resto del día es día de fiesta.

Desde ese momento, Santa Juana quiso que, en todas sus obras educativas, cada año, se celebrara esta fiesta. Muchos recuerdan este día como “el día de la Niña María”.

Triduo
Día 1Día 2Día 3

“María salió sin demora a encontrarse con su prima Isabel” (Luc.1,39-45) y se re-conocieron en un abrazo.

“Nadie llega a reconocer su propia verdad si no es en el encuentro con los otros” (FT n°87). Si algo hemos aprendido en esta pandemia es que nos necesitamos. Vivir, en palabras del Papa Francisco, es “experimentar el valor de vivir con rostros concretos a quienes amar” (FT n°87). Ahora que hemos de aplazar el abrazo, somos más conscientes del valor que tiene. En medio de este distanciamiento físico que se nos impone, quizá de manera más explícita que en otros momentos, necesitamos gestos, palabras, ambientes que nos hagan sentir calidez y cercanía. Necesitamos dar y recibir, acoger y ser acogidos, hacer visibles esos vínculos que nos sostienen e impulsan para, pase lo que pase, seguir adelante. “El secreto de la verdadera existencia humana es que la vida subsiste donde hay vínculo, comunión y fraternidad” (FT n°87). (Extracto de la Circular N° 53 de la Madre General)

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“Capaz de vislumbrar el mundo que Dios soñó, María canta el Magníficat (Luc.1,46-55), un canto que habla de justicia y esperanza.

Junto a un realismo consciente, María formaba también parte de un mundo violentado y herido, tiene la certeza de que el Señor sueña “un cielo nuevo y una tierra nueva”(Apoc.21) y necesita nuestras manos, cuenta con nuestra pequeñez para hacerlo posible.

La pandemia nos ha hecho tocar, con mayor radicalidad que en otros momentos, nuestra vulnerabilidad y a la vez constatar cómo “la conciencia del límite o de la parcialidad, lejos de ser una amenaza, se vuelve la clave desde la que soñar y elaborar un proyecto común” (FT n°150). Al finalizar el II Congreso Internacional de Educación Infantil que hemos celebrado hace unos días, expresábamos que “para contribuir a la educación de ciudadanos de este mundo global, que puedan colaborar en la construcción de una sociedad mundial inclusiva, necesitamos pensar juntos, formarnos juntos, buscar juntos, rezar juntos, en nuestros contextos y en contextos más amplios; vivirnos en interacción”. Necesitamos seguir uniendo fuerzas y esperanzas ante la urgencia de lograr una sociedad más digna y justa que haga de esta tierra la casa de todos.”

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“Seguramente la celebración de esta Fiesta de la Niña María será muy diferente a la que hemos vivido otros años; sin embargo tenemos muchos motivos para celebrar la vida, esa vida que desea ser fecunda, “arder con tantas ganas que encienda a quienes se acercan” e ilumine y dé calor al mundo. El Señor nos necesita.

A cada uno, a cada una, ¡Feliz Fiesta!”

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